El Supremo tumba los aranceles de Trump, pero el precio del hardware gaming sigue en el aire
El precio de jugar depende menos de una sola variable y más de un cruce incómodo entre aranceles “reformulados” y una cadena de suministro tensionada por la economía de la IA.
La industria del videojuego amaneció esta semana con un titular que, en teoría, debería aliviar costes: el Tribunal Supremo de EE. UU. ha declarado que la administración Trump se excedió al imponer gran parte de los aranceles de 2025 amparándose en la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA). En su decisión (6-3), el tribunal concluye que la IEEPA no autoriza al presidente a imponer aranceles, lo que abre la puerta a reclamaciones y reconfigura el tablero comercial para importadores y fabricantes.
El problema para el gaming es que el “alivio” puede durar poco. Apenas conocida la sentencia, Trump anunció nuevos aranceles globales usando Section 122 del Trade Act de 1974, una vía legal distinta que permite aplicar una tarifa temporal (hasta 150 días). Tras comunicar primero un 10%, elevó la cifra al 15%. En otras palabras: el vehículo legal cambia, pero el riesgo arancelario para bienes importados —incluido hardware— no desaparece, solo se transforma.
¿Bajarán PS5, Xbox o Switch?
A día de hoy, lo más honesto es decir “no se sabe”: la sentencia crea incertidumbre, pero el efecto real sobre precios dependerá de cómo se ejecuten (o sustituyan) los aranceles, de los calendarios de inventario y de si las compañías revierten subidas ya aplicadas.
Conviene recordar que en 2025 Sony, Microsoft y Nintendo ajustaron precios y mensajes públicos apelando a “condiciones económicas”, con los aranceles como telón de fondo. Por ejemplo, Forbes recogió una subida de precio de PlayStation en EE. UU. vinculada al contexto de tarifas.
Y aunque la fabricación de consolas y componentes está muy concentrada en Asia (con China como eje), algunas empresas intentaron amortiguar el golpe diversificando: el caso más citado fue Nintendo, que llevaba años moviendo parte de su producción destinada a EE. UU. hacia Vietnam, país que en el ciclo de 2025 sufrió menor presión arancelaria relativa que China (según análisis y cobertura del sector).
El “nuevo” enemigo del precio: memoria y almacenamiento por la ola de IA
Incluso si la presión arancelaria se relajara, hay otro factor que puede sostener precios altos en 2026: la escasez de componentes (memoria y almacenamiento) asociada al gasto masivo en centros de datos para IA. Valve ya ha reconocido problemas de stock de Steam Deck por falta de memoria/almacenamiento y ha advertido que esta crisis puede afectar calendarios y pricing de su hardware basado en SteamOS.
Esto importa porque el coste del hardware no se mueve solo por política comercial. También lo empujan los ciclos de oferta/demanda de semiconductores, los contratos de suministro y la capacidad de absorber márgenes. En consolas, donde el precio final es parte de una estrategia de ecosistema (software, suscripciones, servicios), las empresas suelen ser conservadoras a la hora de “deshacer” subidas: primero necesitan ver estabilidad en costes durante varios trimestres.
Conclusión: la sentencia del Supremo es un hito, pero para el consumidor la pregunta clave (“¿baja el hardware?”) sigue abierta. En 2026, el precio de jugar depende menos de una sola variable y más de un cruce incómodo entre aranceles “reformulados” y una cadena de suministro tensionada por la economía de la IA.



